LOS DOMINGOS, PAN Y VINO
Antes, un domingo por la mañana era una diurna de parque, misa y aperitivo, para terminarla en la casa de los abuelos con paella o escalopín, y de postre, helado o tartaletas de pastel de manzana. Después, sobremesa, dibujos para los niños y película que o bien la firmaba John Ford o bien la protagonizaban Cary Grant o los Marx. Domingo tarde, fútbol. Domingo noche, otra vez cine... Ahora, los niños deben de sufrir en el día del Señor y desear la llegada del lunes, porque el domingo se les habrá convertido en un día de tedio y monserga, a buen seguro peor que la de algunos mosenes desde los altares. Se ha puesto de moda el domingo político. Todos los partidos, después de saltarnos los colores del alipori (de la vergüenza ajena) durante toda la semana, se visten de casual wear – igual que los ejecutivos los viernes – y celebran haberse conocido.
Nadie sabe qué festejan, pero los feligreses de los partidos comulgan con la felicidad, tremolando banderines y leyendo pasquines que los churumbeles no entienden - ni aquellos que saben leer - . Ya no hay fe en las alturas, sólo en lo mediano, si acaso en lo de más abajo – donde parecen estar nuestros representantes, abajo, y cada vez más abajo -.
Así, podemos ver a Mariano Nariano – como le gusta decir a Buenafuente – blandiendo un micrófono, rodeado de jóvenes que se saben el “Alabaré” – que no cantan ya en misa, hacen pellas y se van al mitin dominical - y el “Amo a Laura” a pies juntillas. El señor Nariano expone sus arreglos de futuro, cuela un par de chanzas y sonríe afable ante el aplauso - ante las palmas que nunca criticarán -. Todo el mundo necesita un par de palmadas en la espalda - “pa seguir pa´ lante”-, pero los políticos requieren llegar a la siesta del domingo con los genitales bendecidos - “pa dormir a gustico”-.
En la otra faz de la política nacional, los otros – como la película de Agoranábar-, muy parecidos, casi iguales, quienes se reúnen y se saben el “mírala, mírala, la puerta de Alcalá” de Víctor Belén y Ana Manuel (ingenio robado a Montero Glez) de puturrú. En vez del azul, visten y se envuelven del rojo. El gobierno. Ahí es nada. El PSOE, con la maestría que le precede en tal lid publicitaria – la sapiencia procede del Felipe “empanado”, con coderas de maestro en la chaqueta, de cuando las féminas le llamaban Nadiusko de lo rebueno que estaba -. Lo de ayer no tiene desperdicio, la verdad.
El paseíllo de las muchachas SOE empijotadas, como los ángeles de ZP, es de toma pan y moja. María Teresa eastwood de la Vega, vestida cual zagala buscando chorbo en el dancefloor, resquebrajó las baldosas con la navaja de los tacones. No se acercó ningún apuesto sportman, ya que todos los varones guardamos aún en la retina – como una pesadilla infantil - la imagen veraniega de Terminator desinflado y en biquini colorío, caminando por la playa. Bibiano Aído se adornó como una pepera de pedigrí, y me recordó a Cayetana Álvarez de Toledo, pero sin que sepa la mitad de la mitad a la hora de juntar palabras. Sí, se apuntó a la moda gaviota, o gavioto, si el pájaro es macho. También pepera me pareció la Trini, quien movió el pandero al ritmo de los jazzmen, tan salada como siempre. Y los tipos, como del PP, pero con un puntito de sal más cool, con la camisa negra de De Juanes.
Cada vez encuentro menos diferencias entre unos y otros en el juego de las viñetas. Y si el hábito hace al monje… quizás seamos todos iguales. Y ya los domingos, socialistas, peperos, peneuvistas, rosistas -¿- … sólo queramos feligresía de partido, pan y vino repartido por los líderes.