CITIZEN PALETO
Cada día lo tengo más claro, el paleto de pueblo no existe, se ha extinguido. Debió de caer en los Pirineos al mismo tiempo que el bucardo, incluso antes. La “raza agrícola”, como se les llamaba a principios del siglo XX, mudó de piel. Ya no viste pana, ni se cala boina ni calza alpargatas de lazos enroscados a las pantorrillas. No se alimenta de calderetas ni se lava las manos con orines ni dice "quia", como el Azarías de Delibes, gritando y llorando por su “milana bonita”. No, señores, ya no llega a Madrid como ahora llega el madrileño a Nueva York, con la baba por los pies. Antes llegaba acarreando una maleta de cartón atada y una gallina bajo el brazo. Antes, al paleto, le saltaban las fiebres palúdicas perniciosas en cuanto veía las piernas de una rubia alemana, mientras relamía un helado de cucurucho en La Castellana. Antes, no entendía el conglomerado de las redes de transporte público, se embobaba con las luces publicitarias del Broadway de la Gran Vía y sufría vértigo en las terrazas del 2º cuando se había criado en las cumbres.
Ya no. Ahora el paleto se levanta en el centro de Madrid o Barcelona, y no tiene ni pajodera idea de qué tipo de árbol se asoma por su ventana todos los días, ni el pájaro que le pica la gusanera. Nuestro paleto, el paleto contemporáneo, es un paleto que se piensa cosmopolita cuando cambia el decorado del Starbucks de una ciudad por el de otro Starbucks a 10.000 km.
En la Edad Media, las Siete Artes Liberales las componían el Quatrivium, atento a las matemáticas – astronomía, geometría, aritmética y música -, y el Trivium, dedicado a la elocuencia – gramática, retórica, dialéctica -. Estas disciplinas recogieron una buena punta de sabios.
Ahora, las Siete Artes Liberales que practica el Citizen Paleto son: el Quatrivium, centrado en sondear los amplios campos del indumento – escaparates, zapatillas de colores, gafaspasta y rebajas -, y el Trivium, asentado en las crestas de los rayos catódicos – Gran Hermano, cotilleo y testimonios -. Ahora mismo, los gurús de los Citizen Paleto son: la viperina Mercedes Milá, Jorge Javier Vázquez – “yo hago neorrealismo televisivo”- y Risto Mejide -?-. Qué transgresores se sienten, qué abiertos son, cuán liberales, o sea. Qué de modelitos nos enseñan, qué bien vocalizan, cómo les queda el taco cuando se creen revolucionarios. Son muy reivindicativos, les escaman las injusticias y quieren aparentar corderos con piel de lobo. Mientras tanto, nuestro pobre paleto, aprende de ellos y se sabe todos los versos del poema “Tía, Orlando ya ha salido en pelotas en el Gran Hermano 11”, el cuento de el “El Gran Hermano es un estudio sociológico, tía” o el de “Me mola Risto, es muy duro”. Lo mismo denigra a Belén Esteban como la sigue en la tele desde que se bebe su primer cafetito Starbucks. En las cenas de sushi y sashimi no reconoce lo que ve, y si lo hace, caso perdido, ni se avergüenza.
Resulta que el hombre de campo coge un puñado de tierra húmeda, la huele y dice:
“Mañana llueve… Por la tarde. Quizás pasado mañana regresen las cigüeñas, este año se están retrasando, ha sido un invierno de muchas heladas. Por eso no me extraña que los álamos tarden tanto en vestirse… Tengo que llevar pienso a los caballos, los oigo. Adiós, amigo”. Sí, los sabios están en las montañas, donde ya no hay paletos de pueblo. Que nos hagan un hueco, antes de que se llene de Citizens Paletos.