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salander

AYALA VERSUS PARCA

AYALA VERSUS PARCA

 

            El personaje de Delibes, de “La hoja roja”, se quejaba del frío. Le había llegado su hora, y descubrió que cuando te haces viejo te vistes de frío. Por eso, vemos a todos los ancianos buscando la fogata del sol en los parques, acercándose a las chimeneas y las estufas o rodeando las mesas camillas, para que el brasero les derrita las escarchas empezando por los pies. No sé cuándo sintió por primera vez Francisco Ayala el frío, no sé cuándo se vistió por primera vez con los velos del frío, pero parece que aquél tipo no sentía miedo por el frío ni a lo que conlleva, que es la muerte.

 

            Las últimas décadas, en sus múltiples homenajes, se ha paseado por la vida cultural española como una estatua rediviva, sin muerte prevista en el horizonte o denegándola si aparecía sus dotes, hasta llegar a la impertinencia. La parca le habrá pillado leyendo el periódico que nunca se olvidó de leer - “nunca he bajado la guardia”, decía refiriéndose al día a día de la vida intelectual - o le habrá cogido en un duermevela traidor. La parca le tiró una nueva neumonía para ver si esta vez caía, y por fin le salieron los dados como a ella le gusta, pero después de perder los números muchas tandas, muchas partidas con el caballero. La debía de tener muy cabreada. Incluso a veces se debió de olvidar de él, de insistir en la perpetua persecución que a todos nos atosigue, y por eso Ayala pensaba que asistía a su propia muerte, como si se hubiera salido del cuerpo porque ni siquiera éste le aguantaba. Se reía de su vejez cuando los amigos le halagaban con un “qué bien te encuentro, don Paco”, y contestaba: “si me ves por las mañanas”. A cada tarde le acompañaba un whisky, lo que acrecentaba su vitalidad y su humor, aunque no denegaba valor a los genes y a la suerte, porque eso sería perder el Norte de la inteligencia y don Paco ni en las chanzas lo perdía. Su rostro ha cambiado tanto a lo largo del tiempo que parece otro tío, al envejecer se ha convertido en otro.

 

            En un prólogo de una de las últimas ediciones de “La cabeza del cordero”, hablaba de la década de los 20, de los tiempos en que el charlestón divirtió en el Hotel Ritz, mientras los artistas “deshumanizados” de Ortega y Gasset encontraban el éxito entre vanguardias pictóricas, greguerías y otras actitudes festivas del arte. Él, sin embargo, que vivió en Berlín en los años que el nazismo germinaba como un cáncer, necesitaba otras actitudes estéticas que las empleadas por la generación del 27 o el resto de artificieros de ojos vendados. De repente Europa le olía raro, le olía a ideologías que contenían la maquinaria de las bombas entre frase y frase, le olía a muerto debajo de la alfombra mullida. Por lo que no tuvo más remedio que dedicarse a otros menesteres literarios. Abandonó la vanguardia de “El boxeador y un ángel”, pues, y se enroló en la prosa "seria", no en la prosa simplemente reivindicativa y descriptiva, sino en la cervantina, averiguando los tipos que ya descollaban en España, los rencores, las envidias, las diferencias, lo que en realidad siempre hubo - y a veces hay - y se disimulaba tan bien. Intuía un texto futuro que todos iban a leer y que molestaría a todos, a paletos y urbanitas, a marqueses y obreros, a banqueros y ganapanes, a pinchauvas e intelectuales, a rapsodas y militares. Era el texto que los personajes no lograban desentrañar en “El mensaje” y tanta desazón, intrigas y ansiedades causaba. Lo que olía Ayala era el hedor de la Guerra española – así se la conocía en Europa -, y lo que apestaba era la Segunda Guerra Mundial.

 

            Le tocó vivir el pútrido siglo XX al completo y parece mentira que siempre le cupiera una sonrisa en el rostro. Pero resulta que conocía el mapa que enmarca lo bello y lo siniestro, y sólo transitaba los caminos de lo bello. Lo escribió en “El jardín de las delicias”, en la vida  el paraíso y el infierno se debaten continuamente, se entremezclan. El paraíso es elegirlo.

    

3 comentarios

pirulo -

Cuando te vea te voy a enseñar mis lindezas de manera natural o tomando viagra.

Carlos -

Pirulo,
creo que sería mejor hablar de tu LIBRO, ya que comentar otras lindezas no refleja todas tus cualidades de manera natural.

Carlos -

¿cuando hablas de furgol?