LOS PLACERES DE LOLA
Si yo fuera un adolescuente extremeño entraría en cólera. Saldría a la calle y derribaría el mobiliario urbano con la fina educación de la kale borroka. Incendiaría las sedes del PSOE y apedrearía las instituciones gubernamentales, de la Comunidad y del Estado, las dos, y las europeas por permitirlo, hombre. El cabreo sería monumental, como para lanzar siete plagas, no cabe otro grado ni otra reacción, ya que la ofensa es de órdago. Sí, la zangolotina y el zangolotino extremeños, deben de albergar en el pecho no un corazón, sino un tambor de guerra zulú.
La Junta de Extremadura ha declarado a los chavales de la tierra tontos de capirote, tontos del bote, tontos del haba, tontos del ciruelo, tontos, al fin y al cabo, en todos sus grados y formas. Laura Garrido (ojo, yo soy Garrido-Lestache), presidenta del Consejo de Juventud de Extremadura, ha levantado el proyecto junto al Instituto de la Mujer, se llama: El placer está en tus manos (si hubiera castigo por la cursilería, esto es como para mandar una bala a la familia, como hacen los malevos en Brasil para señalar una muerte). Resulta que quieren enseñar a unos chavales de entre 15 y 17 años a masturbarse. En los tiempos que corren, y con Internet y el medio millón de páginas porno y con una información sobre sexo que sobrepasa la biblioteca de Alejandría y todas las bibliotecas juntas (me temo).
Entremos en el tema. Si una zangolotina o zangolotino de esa edad no sabe usar el chisme, o los chismes, si no sabe que sirven para algo más que para la expulsión de micciones, es que es tonto, y si es tonto, mejor que no aprenda a usarlo, porque o lo introduce donde no debe o se introduce lo que no debe. Pero si son normales, sabrán que ahí abajo pica, y si uno toca, da gustito. Es como impartir clases para sacarse mocos, es dar lecciones para abrir las latas de refresco, es enseñarles a atarse los zapatos. Es un insulto en toda regla, oiga.
Como no podía ser de otro modo, detrás del tema está Bibiano, quien, tras ver (visionar dicen los horteras) una película del “destape” y ante la polémica levantada, declaró: “Siempre es necesario hacer una inversión en educación sexual…”. Yo entiendo que el invento esté encaminado para que las féminas adolescuentes aprendan para qué sirven las diferentes clavijas y laberintos de su maravillosa maquinaria. Y ante esto no opino, se lo dejo a las mujeres, aunque pienso que, quizás, lo suyo sea descubrirlo en la intimidad, pero bueno… Sí que hablaré de los zagales de entre 15 y 17 años. Estos casi hombres, entre lubricantes, juguetes y demás “elementos didácticos sexuales” pueden montar el espectáculo del sátiro ante las ninfas, algo muy zoológico, casi salvaje, si no se encontraran encerrados en un aula. Soltarán coces y relincharán como bestias, abrirán el abanico del pavo real, se golpearán el pecho como gorilas entre las sábanas. A esa edad el chaval oye teta, y automáticamente tiene que girar el picaporte para que no salte la botonadura del pantalón. Y con el calor que hace en Extremadura, que facilita el acceso al rijo, sólo espero que no acudan en chándal. A esa edad, uno camina más tiempo con la cabeza alta que con la cabeza gacha. A esa edad, y en chándal, cuando las chicas les vean con esas dimensiones febriles pueden “sentirse invadidas” (otras cursilada de frase hecha), la más suelta puede lanzarse y morder, y a partir de ahí el guirigay que se puede montar será del gusto de Calígula y su caballo cónsul.
Las clases de marras pueden acabar como un cuarto nocturno del Gran Hermano, qué guarrada (mejor sería gastar el dinero en educar sus gustos televisivos, que ahí está el meollo, el hoyo craneal). Si yo fuera alumno acudiría con una carpetita, en toga, con una corona de laurel y una ponchera para animar la fiesta, como en “Desmadre a la americana”. Y hablando de películas para adolescentes, ¿y no sería mejor que les pusieran las películas de “Porky´s” o “American Pie”? No, perdonen, seguro que son machistas. Ya no sé a qué atenerme.
Lo más gracioso es que las clases las desarrollan tres castas mujeres, propietarias de la tienda de armamentística sexual Los placeres de Lola, tócame la cola, de Madrid, Lavapiés. Ya las veo sin haberlas visto: feas, algo rechonchas, o muy delgadas, con el pelo a lo garçon teñido de caoba o rubio platino, y sin flequillo, como las vascas de moda, gastando muy mal café al levantarse y al acostarse, y no creo que las guste el fútbol. A hacer negocio toca, nenas, qué suerte. Contáis con 14.400 euros de nuestros bolsillos para crear pajilleros ilustrados, pajilleros de Academia, pajilleros de matrícula de honor.
1 comentario
garrido-lestache -
yo tambien Garrido-Lestache.